Sin Título 14

Advertencia: Este no es un post para decirte como tienes que vivir tu vida.

Baudrillard lo vio venir. Somos una generación que opera como marca. Ya no basta con la militancia, ni con estudiar con insiste obsesión lo que amamos. Se necesitan también las chapitas, los lentes 3D de colección y la polera con su mensaje afín.

No es el mundo que diseñamos. Es en el que nos tocó nacer. Uno en el que, como dice Žižek, podemos ayudar al planeta sin dejar nuestro rol de consumidores. Podemos ser ecologistas, feministas, pacifistas. Podemos ayudar a prevenir la contaminación, despertar consciencia -awareness-, o salvar niños sirios. Solo tenemos que comprar el café correcto, la camiseta estampada correcta, la cartera de diseñador correcta.

“Es inmoral utilizar la propiedad privada para aliviar los horribles males que resultan de la institución de la propiedad privada”

Poco importa que el consumo sustente este mismo sistema de inequidad que idolatra los números, la ideología de la técnica (pregúntenle a Heidegger), y que esclaviza a los reos o a los niños en las zonas más precarias. Poco importa que dependa de las tragedias de otros para solventar los lujos de algunos.

Pero más allá del dolor invisible que ocasionan nuestras autoindulgencias, lo cierto es que ni siquiera somos tan felices.

El año pasado estuve mal.

Catatónica.

Había días en los que no tenía fuerzas para salir de la cama.

Y días que tenía que llenar con alguna serie en Netflix para no tener que acordarme que tengo casi treinta y ni carajo de idea de qué hacer con mi vida. Hice maratones que desafían el tiempo y el espacio, todo para no pensar en que no he hecho NADA que valga la pena. Me saltaba comidas, no dormía. No salía de la casa.

logros
*Lista actualizada al 2017

Hoy me siento relativamente mejor. Aunque no tengo ninguna mágica receta de autoayuda.

Pero el otro día me acordé de lo mal que estuve. Fui a grabar un proyecto al Estadio Nacional y conocí a un vecino ñuñoíno. No llegué a saber su nombre, pero sí que tenía casi noventa años y andaba para todos lados en bicicleta. Me dijo que tenía que aprender a ser feliz con lo que tenía.

Al principio pensé: qué mentalidad tan conformista. Ser feliz con lo que ya se tiene es renunciar a querer otras cosas, renunciar a tener ambición de más. Pero entonces me contó una historia. Décadas atrás, trabajaba como vendedor puerta a puerta (esto disparó inmediatamente recuerdos que no sabía que tenía, de cuando era muy niña y a pesar de que mi papá no ganaba mucho, se las arreglaba para comprarme enciclopedias que traían esos vendedores). Un día le tocó vender una de esas superjugueras que hacen de todo menos lavar la ropa. La señora se la pagó al contado -él estaba feliz porque vender al contado le significaba más comisión- y cuando se ofreció a enseñarle cómo funcionaba ella le dijo que no la iba a usar. Que era más fácil exprimir los limones a mano y se ahorra lavar más loza. Que la compró porque la vecina de al lado tenía una más barata.

Chile, país arribista -pensé. Y por un momento me consoló el hecho de que fuera una historia antigua, y que su protagonista fuera una dueña de casa de otra época. Pensé: que bueno que no soy así, que la gente que conozco no es así. Pero la verdad es que sí soy un poco así.

OBEY_SHIRT
PORKHÉ ZOMOS AZI?

Porque ¿de dónde nace ese entusiasmo ciego que convierte los paisajes neoyorquinos en un destino imperativo? ¿Qué hay detrás de la necesidad de comprar las últimas Vans? Detrás de la necesidad de hacer colas interminables por comprar entradas para la nueva Star Wars, o de obtener el trabajo de nuestros sueños (aunque no sepamos ni con qué soñamos) veo el eco de esa convulsión por vivir una vida que otros envidien.

Pero lo que más me preocupa es cuál es el costo que pagamos al  fabricar ese espejismo de éxito.

¿Cuántas pastillas toman al día?

¿Cuántas veces han tenido que visitar la sala de urgencias en el año?

¿Cuántas horas logran dormir de noches?

¿Cuántas veces les ganó la ansiedad y terminaron embutiéndose comidas convulsivas?

¿Cuántas dietas llenas de culpa han fallado? ¿O llevado con éxito, hasta quedar en los huesos?

¿Cuántos nuevos métodos de autoflagelo han implementado por saber que, en el fondo, están tan lejos de llenar los zapatos que ustedes mismos determinaron?

3 Comment

  1. ¿Has notado que la vida siempre es más fácil cuando uno no se cuestiona nada?

    Siempre me he preguntado si el problema está en el estilo de vida de la sociedad actual (capitalista, globalizada, hiperconectada, etc) o existe desde siempre, desde que la humanidad despertó… o al menos algunos humanos se sintieron insatisfechos por el sinsentido de la vida.

    Al menos puedo determinar mi infelicidad: nunca poder llenar este vacío, la falta de respuestas, no saber con qué objetivo se está vivo. Lo paradójico es que en vez de sentir desinterés por la vida, genera aflicción. No estamos conformes, no estamos felices pero queremos estarlo y no podemos.

    Dos pololas que he tenido me han dicho que nunca voy a ser realmente feliz… la verdad no sé cómo lograron descifrarme pues nunca hablo de esto, soy bueno viviendo como ser humano “normal”… de hecho es la primera vez que pongo por escrito estas cosas, tu blog me genera confianza y cercanía.

    Al final uno sigue adelante viviendo la vida bajos los designios de la sociedad, intentado ser feliz con una carrera, un trabajo, una familia, libros, juegos, películas, series, cualquier cosa para olvidar lo más posible… obviar lo que hemos visto en el abismo, pero sabemos que está ahí esperando que descendamos su larga escalera y toquemos el fondo.

    Finalmente la gente más feliz es que la simplemente “vive” sus vidas pero las que nos cuestionamos todo vamos a seguir así fragmentados de alguna manera rogando por llenar el vacío.

    Lo bueno es que queremos levantarnos y salir de ahí.

    1. Geraldyc says: Responder

      Me pasó un poco cuando fui al sicólogo hace algunos años. Me ayudó, sí. Pero sus observaciones se dirigían la mayor parte del tiempo a cambiar mi enfoque en vez de cambiar “las cosas”.
      Al final me quedo con lo que me dijo mi mentor, hay que enfrentar los desafíos, pero también tenemos que conocer los límites de nuestra propia fuerza.
      La mayor parte del tiempo yo doy la pelea. Me gusta sobre analizar las cosas. Encontrar los problemas, las aporias, me hace sentir como nada más (: Pero a veces toco fondo y necesito darme un break de ese “estado de ánimo” sino, imposible reformarlo.

      Me alegro que te sientas en confianza aquí, a mí también me cuesta mucho hablar de lo que me pasa (emocionalmente) así que estamos juntos en esto 😊

      1. Igual es verdad que todo cambia según el enfoque mental con que lo enfrentemos.

        Creo que a mi me falla un poquito lo de los limites de mi propia fuerza, a veces me veo sobrepasado pero la peleo hasta el final xD

        Me gusta harto tu blog, me inspira de verdad. Sigue así 🙂

Agregar un comentario