#SaveHannibal La ñoñez en los tiempos del Fandom

Como quizá algunos de ustedes sepan, me considero una persona de gustos “peculiarmente” oscuros. Un poco por ese impulso adolescente de incomodidad y rechazo, un poco por mi tendencia a problematizar, a encontrar las contradicciones, las inconsistencias (¿por qué Dios se reserva el derecho de admisión a su séquito?; ¿quién se beneficia del enflaquecimiento de la filosofía?, ¿y de nuestra conciencia histórica?; ¿por qué hay tantos flahbacks en Man of Steel?). Y sí, una parte de mí nunca superó a la niña que odiaba el rosado barbie y las flores, pero también, una parte se siente profundamente cómoda con los problemas.

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Yo en la U

Y parafraseando a Bedelia “If past behavior is an indicator of future behavior”, mi fascinación por Hannibal no es ninguna sorpresa. Durante ya 3 temporadas, Bryan Fuller y James Hawkinson han sostenido una serie imposible, tan excesiva como su protagonista, absolutamente perversa en su medio. Una serie hecha sin soberbia, sin aires de superioridad adoctrinantes, pero con respeto a nuestra inteligencia, una serie desafiante, impecable, que aun en sus costuras muestra la dedicación y el cariño con el que está hecha.

Pero “los textos nos hablan de formas distintas”, como me dijo alguna vez un profesor, y los múltiples sentidos en lo que se desenvuelve la serie pueden bien pasar desapercibidos para quienes se concentran en los números, o en la literalidad de lo que se ve (que no es lo mismo que lo que se muestra). Finalmente, los ejecutivos de NBC decidieron desistir del proyecto y no continuar con una 4ta temporada, algo que el equipo ya veía venir pero golpeó fuerte en el fandom. Y yo…

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Porque aún con todo el coraje forjado durante años de fines de series y cancelaciones, y con lo predecible de la situación, siempre es difícil admitir lo mucho que dependemos de otros. Mi primera reacción fue el shock, seguido del vacío. Por primera vez en 27 años llegué a mi casa sin ánimos de ver nada, ni doramas, ni yaoi, NADA, así que me puse a releer a Baudrillard, intentando encontrar sentido -y cargar responsabilidades en otros- a mi dependencia al consumo de ficciones.

Pero confieso que mi reacción fue excesiva, de hecho, recién ahora puedo escribir este post, demasiada ira por perder algo que al fin y al cabo no es más que un producto, y entonces tuve que preguntarme si sufría tanto porque me gusta demasiado la serie o porque me disgustan demasiadas cosas en mi propia vida; el tiempo/dinero desperdiciado en una educación superior de la que no he sacado nada en limpio, los cientos de proyectos que he sido incapaz de concretar, los que me he visto obligada a sobrellevar, los recursos que no poseo, los fracasos, y el tener que aceptar una realidad de mi misma tan lejana al mis expectativas pasadas. Así en cierto modo sí, hay algo profundamente catárquico en ver a Hannibal caminar fuera de su “traje de persona” y aterrorizar a todos cuchillo en mano, algo reconfortante en el empoderamiento de Will, y en el modo en cómo ambos aprenden el lenguaje del otro, el alivio tras toda esa tensión.

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Terror tipo El Resplandor, como explica Hawkinson

Pero también hay otras arista -además de aquella descrita por Aristóteles tantos siglos atrás- para explicar el por qué nos desvelamos viendo maratones de series/películas o leyendo mangas/comics, por qué nos obsesionamos (y digo nos con la esperanza de no ser la única), y el por qué nos emociona tanto encontrarnos con otros que comparten la misma “condición”. Porque seguir una serie hoy en día no significa sólo “sintonizarla” cada semana, significa contarla y recontarla, apropiárnosla y compartir dicha apropiación con todo aquel que quiera escuchar, significa formar parte de un fandom, una suerte de comunidad virtual casual, pero que en determinados momentos es capaz de organizarse y ejercer cambios significativos, modificando la condición material de producción de aquello que los convoca. Prueba de ello son todas las actividades organizadas por el fandom de Supernatural, por ejemplo, pero también el que a minutos de haberse anunciado la cancelación de Hannibal, el fandom concentrara todos los esfuerzos en hacerse notar bajo el hashtag #SaveHannibl, causa a la que ya se unieron el propio Fuller y gran parte del equipo.

Y aunque el futuro de la serie, y de mis muchos síntomas no diagnosticados, aún son inciertos. Me quedo con las reflexiones sobre el cómo las comunidades se han transfigurado y transformado gracias a los medios digitales, cómo a pesar de la brecha y el sentido deseo por alejarse de la densidad de lo material, aún continuamos efectuando cambios en nuestras cotidianidades, pero también viendo con precaución el avasallador avance de las ficciones en desmedro de nuestra historia, de nuestro conocimiento y apropiación por nuestros propios pasados, y por ende, nuestros futuros.

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