#PelículasNecesarias Die Welle 

No es la primera vez que me encuentro con una película alemana de principios del 2000 que retrata los conflictos morales de una generación de adolescentes intentando dejar atrás el estigma del nacional socialismo, pero al mismo tiempo, buscando un modo de lidiar con todo aquello que los mantiene descontentos. Un ejemplo de esto es The Edukators, que relata la pequeña rebelión de un grupo de cuasi amigos cansados del sistema de privilegios en el que descansa el capitalismo. Die Welle, por otro lado, es una película que comienza como un simple ejercicio en clase (en una de las tantas institución de disciplinamiento, pensando en Foucault) y termina confirmando algo bastante obvio para todos aquellos que participamos activamente de los debates públicos en redes sociales: hay solo una delgada línea que nos separa del fascismo.

El peligroso poder de la "otredad"
El peligroso poder de la “otredad”

Es interesante que sin las piruetas formales de digamos, Elephant, la película sea capaz de narrar los matices del ascenso violento de un grupo que comenzó teniendo en común poco más que ser compañeros de clases, pero que cuando encontraron un modo de uniformarse, de participar de un ethos que los une, nada les impide excluir, menospreciar y finalmente, castigar a aquellos que son o piensan distinto. Y esto es lo más importante, que toca temas relevantes en nuestro contexto pues problematiza lo que hay detrás del aparentemente irracional fanatismo, enumerando las condiciones necesarias para el ascenso de los totalitarismos y que distan mucho de ser incomprensibles. Condiciones como el sentido de pertenencia, el propósito común y la necesidad de aceptación en un grupo de jóvenes vulnerables que no son capaces de encontrar dicho afectó al interior de sus propios hogares, o escuelas.

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Una película que en vez de recurrir al recurso facilita de la victimizarse se atreve a denunciar lo común que nos resulta el fascismo y la intolerancias. Una reflexión importante en tiempos en que la idea de debate social es reírse de las declaraciones de otros que por muy irrisorias que puedan parecernos, forman parte de un sistema de valores que es el real problema al que debemos apuntar. Entendiendo que nada cambiará mientras nos sigamos escondiendo tras la salida fácil que ofrece la opción de bloquear al usuario, sino atreviéndonos a debatir fuera de nuestras zona de confort tal como lo hicieron antaño nuestros antepasados quienes, desprovistos de las herramientas evasivas e invisibilizantes que nos brindan los medios digitales, no tenían más opción que sentarse a discutir.

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