No sé por dónde empezar

Hace poco conocí a alguien que calcula todo en porcentajes. Es como su leit motiv, decir cosas como “es 60% entretenido” o “me gustó como un 80%”. Así que voy a tomar prestada su costumbre para tratar de explicar lo que me pasa.

Si tuviera que hacer la conversión a mi propia insatisfacción, diría que estoy un 60% satisfecha con cómo va mi vida. Creo que es el porcentaje más alto de felicidad que he alcanzado desde que estaba 75% feliz, años atrás, cuando mis días pasaban entre las clases que tomaba y las que dictaba en la universidad. Gran parte de ese contento proviene de que por fin sé -a grandes rasgos- lo que me falta para sentirme 100% yo misma,  y saberlo me permite fijar metas concretas.

Ahora, el problema de las metas es que están lejos. Que tiene que pasar tiempo para llegar ahí. Tiempo, un tiempo que no es el aquí y ahora. ¿Les pasa que quisieran que todo pasara al mismo tiempo? ¿Que tienen la cabeza tan llena de planes que no pueden dormir en las noches, aunque estén exhaustos de todo lo que hacen en el día y que también forma parte del plan?

Podría intentar culpar al devenir tecnológico y cómo su irrupción ha mutilado segmentos completos de nuestro desarrollo, forzándonos a adoptar comportamientos cuyo por qué no somos capaces de explicar. Pero en el fondo creo que es simple ansiedad.  Y no estoy segura de que exista a quién echarle la culpa.

Quizá sea la gran trampa del rápido acceso; la sensación de que todo está tan cerca. Que no existen barreras. O que la espera es algo que hay que evitar. Ojalá no notar el paso del tiempo hasta que llega el momento que estábamos esperando, como si todos los momentos entremedio fueran sólo eso: un estar en medio, insignificantes, porque lo realmente importante está por venir.

Pero, qué va a pasar cuando miremos atrás y nos encontremos con todos esos momentos intermedios que decidimos ignorar por su falta de relevancia. O como escribió Enrique Lihn:

“Todo lo ibamos a resolver ahora.
Teniamos la vida por delante.
Lo mejor era no precipitarse”.

4 Comment

  1. patirro says: Responder

    estábamos tan preocupados del adonde vamos que se nos olvido disfrutar el viaje

    1. Geraldyc says: Responder

      :/

  2. Neurozero says: Responder

    Siento que antes me pasaba mucho eso que comentas (más que ahora al menos) pero como que en esta etapa de mi vida no sé pa donde voy exactamente (porque estoy en algo medio estático) a pesar de que quiero hacer muchas cosas en mi vida pero no tengo nada de tiempo para realizarlas ajaja.

    La cosa es, realmente ignoramos todos esos momentos intermedios? Entiendo esa especie de ansiedad por llegar luego al final y lograr disfrutar el “premio” sea cual sea, pero yo cacho que en retrospectiva (con el tiempo) uno recuerda el sacrificio, los buenos momentos y en el fondo lo que sentiste durante el viaje con cierta nostalgia.

    Creo que me fui un poco por otro lado, por alguna razón recordé esa sensación de añoranza que tengo con algunos buenos libros. Recuerdo el momento en que los leí, el tiempo, la lluvia, el sol, el momento de mi vida en que los leí, lo gratificante que fue. Y la verdad es que uno no se da cuenta hasta mucho después.

    1. Geraldyc says: Responder

      También creo que es súper rico releer alguno de los libros pasados, porque no sé, volver a esos textos me hace sentir más consciente de los cambios que he vivido desde la última vez que los visité (:

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