Libros que me acompañaron este 2016

El otro día estaba viendo en Netflix una serie australiana muy millenial sobre la vida cotidiana (se llama Please like me, por si necesitan evadir sus propios problemas con desesperación como yo) y sus protagonistas se preguntaban ¿qué pensaría tu yo de quince años de tu yo actual? A mi yo de quince años le importaba el movimiento estudiantil, el cine y los libros, asumía que en algún momento estos intereses compondrían armónicamente mi futuro. Ahora sé que nunca va a pasar…

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Esto me recordó de mi resolución de fines del 2015: retomar la lectura. Lo que me hizo sentir ligeramente menos miserable porque es el único aspecto de mi vida en el que no fracasé este año. Empecé con Glaumourama de Bret Easton Ellis, la novela que cuenta la vida post universitaria de Victor (¿se acuerdan de Victor?). Comienza con un cuasi monólogo de cerca de 100 páginas sobre lo terrible que son las motas que se hacen en los taburetes del club que pretende abrir, por una pésima elección de telas, ustedes saben, problemas reales. Lo que sigue es un relato pre 9/11 pero muy contingente, con atentados terroristas, más motas, estados de consciencia alterados y un grupo de modelos asociados en una suerte de culto que hace que The Neon Demon parezca una anécdota de niños.

Mi segunda lectura tranquila de verano: El Resplandor. En virtud de la verdad, aunque me duela admitirlo, es la primera vez que lo leo. Lo tomé, leí las primeras diez páginas y ya no pude despegarme de él. El grado de humanidad que desborda de una novela sobre un hotel encantado y un grupo de personas con superpoderes mentales es hermosa. Y quizá sea por la adicción del señor Stephen King (probable sobredosis de enjuague bucal) pero es una novela necesaria. Injusto sería compararla con la peli de Kubrick porque se trata de autores muy distintos trabajando con lenguajes diferentes, pero de todos modos aquí les dejo un recuerdito:

 

Después empecé, también por primera vez, Los Detectives Salvajes de Bolaño. Y aquí las cosas empezaron a ponerse serias. A veces creo que es un suerte de efecto subliminal de su literatura, de la verdadera literatura, pero mi rutina de trabajo-casa-salidasocasionalesacomerpollofritocoreano mutó en una suerte de secuencia accidentada de recuerdos trastocados, emociones incontrolables, paranoia, mentiras, gente rara, gente ausente, rotura de menisco, y falta de memoria. Experiencia aparte, me quedé con gusto a poco y una parte de mí siempre querrá ir a perderse a los desiertos de Sonora.

Con un menisco menos y sin poder caminar empecé Doctor Sleep, la historia de Danny Torrence mucho después del Overlook, poco después de tocar fondo con su alcoholismo. Un encuentro afortunado porque ambos estábamos tratando de ponernos de pie de nuevo. Aunque confieso que se nota el cambio en la pluma del señor King, existe dolor, un dolor insoportable pero al menos acá, hay esperanza.

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Hace años el Criss me regaló Planeta Champú de Douglas Coupland con la esperanza que fuera capaz de sumergirme en esa suerte de cinismo, sarcasmo y dolor que lo convierten en uno de los artistas de cabecera de cualquiera con un mínimo de sensibilidad social. No me pasó nada. Pero este año tuve la más clara de las epifanías sentada comiendo palitos de queso en un Papa John´s cuyo techo desprendía polvo porque justo arriba había un gimnasio con gente haciendo crossfit, y entonces lo supe: mi vida se estaba convirtiendo lentamente en una novela de Coupland.

Retomé el libro y fue como si lo leyera por primera vez. Aunque en el fondo sé que por primera vez estoy en contacto con esa idea maldita de que la vida que tenía pensada para mí nunca será. Y qué mejor que acompañar a un personaje que también en proceso de descubrir que no es que una parte de él falte porque su padre estuvo ausente, ni porque no ha visto el mundo fuera de su cuidad natal, ni porque no ha encontrado la profesión de sus sueños. No, la vida nos resulta rutinaria y miserable (o no) sólo a cuenta de nosotros mismos.

Por otro lado, hubo un breve periodo a comienzos del semestre en que me sentí superior, en que confié en mis capacidades y hasta llegué a creer que tengo talento. Fue durante esta brevísima época que decidí que leería La Broma Infinita de David Foster Wallace, porque hey! si hay alguien que puede disfrutar la Foster Wallace debería ser yo -la sapientísima yo-. Pero su inexpugnable mente, esos inabarcables trenes de pensamientos me devolvieron la humildad, así que aunque no me he dado por vencida con el libro (¿qué clase de fan de shonen de deportes sería si lo hiciera?), sí decidí comenzar de a poco, con un libro que es una recopilación de historias cortas pero no menos épicas: La Niña del Pelo Raro. 

Pero en vez de intentar explicarles mi experiencia con su literatura, prefiero que tengan la suya propia. Así que les dejo esto…

Uno de mis momentos favoritos del año fue tomar un curso online sobre mitología clásica. Y me dio la oportunidad de combinar dos cosas que amo: las herramientas analíticas y la tragedia griega. Empezamos releyendo a Homero con La Odisea (la traducción de Fagles, muy recomendable) pero ahora estoy releyendo La Iliada también. El curso entregaba una perspectiva no sólo sobre los autores, y sus contextos sino también sobre las distintas concepciones de lo que es un “mito” y su función dentro de dichas sociedades. Leímos La Orestiada de Esquilo, la Teogonía de Hesiodo, El Edipo Rey de Sofocles, La Eneída de Virgilio y la Metamorfosis de Ovidio. Todas obras a través de las cuales se puede dibujar una suerte de mapa sobre los valores que cada cultura intentaba glorificar, aquellos pecados que condenaba, sus proyectos políticos, y lo que hemos heredado (no me digan que después de TANTA peli de superhéroes no ven que ALGO están tratando de decirnos).

Obvio que después de aprobar el curso todas mis conversaciones son así:
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Si hay algo que nunca será verdad es decir: “demasiado Coupland”, así que empecé a releer Girlfriend in a coma, del que les conté más aquí. Básicamente, un libro sobre el fin del mundo en el que a ti y a tu grupo de amigos de toda la vida se les da la oportunidad de empezar de cero, borrón y cuenta nueva. Sin falsas democracias, sin capitalismo, sólo ustedes ¿Adivinan lo que hacen sus protagonistas?

Y por último, hace poquitos días tomé Polaroids (sí, también de Coupland) que es una suerte de libro con micro cuentos, experiencias reales y reflexiones tristes sobre comienzos de los 90s y la por aquel entonces, nueva generación. No pretendo terminarlo antes de fin de año, al contrario, siento que es un buen libro de transición. He leído sólo un par de historias y ya tengo marcaditas decenas de citas favoritas, así que estoy entusiasmada.

¿Y ustedes qué leyeron este año tan penca que ojalá se acabe luego?

 

 

 

 

 

3 Comment

  1. Uta a mí me pasó que en lecturas el 2016 ha sido un año nefasto. La verdad es que tuve como un cambio radical en mi estilo de vida y como que me ha resultado super difícil administrar mi tiempo para leer.

    Básicamente me pude terminar un solo libro físico: Tracking de Gonzalo Fríaz, el resto de libros en papel que empecé a leer quedó a medias: It de Stephen King, Entrevista con el vampiro de Anne Rice, Fantasmas y casas embrujadas de Chile de César Parra y El mundo de Hielo Y fuego de Linda Antonsson y Elio M. García que son como colaboradores de George Martin.

    Igual en tomos integrales de comic (si los consideramos libros) dejé a medias El Eternauta de Oesterheld, El Incal y La casta de los Metabarones de Jodorowsky.

    A nivel de libros digitales, si bien tengo una Nook que es un e-reader bien genial, descubrí que leer en el celular (SHAME) es la mejor manera que tengo de poder leer y terminar un libro ocupando cualquier tiempo libre que tenga a mano. Ahí pude terminar La Historia de tu vida de Ted Chiang (un libro de varios cuentos cortos en que se incluye el relato en cual se basa la película Arrival), libro super recomendado y Mala Onda de Alberto Fuguet que los personajes y su entorno me apestaban pero igual era super piola

    Con el descubrimiento de que leer en celular me asegura tener el libro a mano a cualquier hora-momento espero poder redimirme este 2017, ahora partí leyendo Diario de Chuck Palahniuk y voy más o menos bien. Igual voy a intentar leer más en papel, tengo un montón de libros guardando polvo en las estanterías.

  2. Geraldyc says: Responder

    Pucha, tengo el privilegio de tener varios libros físicos a mano pero de todos modos tengo un kindle porque sí, a veces hay que sacarle el máximo provecho al tiempo libre. Por ejemplo, el Kindle me sirvió para leer mientras estaba en la bicicleta en el kinesiólogo, y ahorras harto espacio en la casa también XD
    Leí Diario hace años y todavía siento la guatita apretá (como diría mi abuelita) así que te deseo buen viaje! Y si encontraste piola Mala Onda, debería darle una revisada a Menos que Cero de Bret Easton Ellis, su padre espiritual (:
    Ah y también un consejo que tomé del señor Stephen King: los audiolibros (aún no lo sigo, pero cada vez que pienso en el gimnasio me digo a mi misma, podría estar escuchando un libro)

    1. Uuuhh me elevaste a mil el hype con Diario jaja y sin dudas voy a poner mis manos sobre Menos que cero.

      Pucha respecto a los audiolibros, alguna vez lo intenté en el trabajo y me fue imposible.. aparte que siento que es muy distinto a leer, hay otra magia ahí.. creo que entra más por los ojos que por los oídos xD.

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