Las 5 Películas Que Aterrorizaron Mi Infancia

Arañas, tsunamis, la UDI, todas razones más que justificables para entrar en pánico. Pero hubo un tiempo en que mis temores eran menos racionales, exacerbados por mi imaginación infantil frente a la cual tantas cosas parecían inconmensurables y aterradoras, propiciadas por el visionado prematuro de películas diseñadas para intelectos maduros. Visionados que aunque me provocaron pesadillas y noches de insomnio, estimularon mi joven inteligencia liberándola en parte de la dictadura bienportada de las fantasías Disney.

Películas que he vuelto a ver una cantidad obscena de veces, y que aunque ya no me aterran como antes, si me permiten contactarme con esa parte de mí que no podía procesarlas.

5. Poltergeist II (1986)

poltergeist
Ahora que lo pienso Giger es el responsable de mi insomnio infantil.

Poltergeist es una de las franquicias que a mi familia le pareció apropiada para ver en familia (los 90’s fueron una década extraña), gracias al floreciente negocio de los Video Clubs, durante las casuales tardes de Domingo, de las que estaré eternamente agradecida.  Y si bien la primera tiene todos los elementos para perturbar una mente joven, dejó una impresión muy inferior en mi cabeza que su sucesora.

La escena del gusano se clavó en mí y me acosó por años, me indujo incontables pesadillas y un pánico al alcohol en todas sus manifestaciones (orígenes de mi tendencia al drama). Y no se detuvo allí, toda la película es un desfile de cuerpos mutilados y tortura, imposible de superar por las producciones de hoy, con todo y sus costosos FXs. Un terror mucho más explícito y material que en el resto de las películas de la franquicia, que me depertó temores que aún arrastro y trato de contrarrestar con una fuerte militancia en el gore.

Años después, con el arribo de internet y la proliferación de ls informaciones, llegaría a entender que mi fijación sería inevitable, porque no hay mente prepúber capaz de resistirse frente al imaginario pesallidezco de H. R. Giger, que realizó el arte conceptual en el que se basa el diseño de las creturas y que pueden revisar aquí.  Autor intelectual de la siguiente escena, que sigue tan aterradora como la recuerdo.

4. The Fly (1986)

Una de esas películas que vi a escondidas, contra toda advertencia, sobreestimando mi tolerancia y poniendo a prueba mi empatía. Mi primer encuentro con el señor Cronenberg y, como es usual, se sintió como un escupitajo en la cara. Uno de los tantos errores de los que no me arrepiento, y otra muestra de terror físico esta vez derivado de la curiosidad profesional.

Perturbador para cualquier menteajena al terror kafkeano, y a las virtudes horrorosas látex. La metamorfosis de Seth continúa siendo de las secuencias más atemorizantes, aunque ha perdido efecto con los años, particularmente después de haberme topado con Horkheimer y Adorno. Digna de mencionar no obstante, por el desfile de monstruos que incluye –en su segunda parte– a un inocente perrito.

3. Akira (1988)

Con toda la literatura disponible al respeco, no necesito profundizar en los muchos hitos que convierten a Akira en, simultáneamente, una de la obras más aterradoras y brillantes de su tiempo. Pero reconozco que dejó una huella inborrable en mi subconciente la primera vez que la vi, siendo como es, producto de la aporía ontológica por la que atravesó Japón durante la post guerra, obligados en pocos años a sobreponerse a los siglos de imperio convirtiéndose en un país altamente industrializado.

Oh, body horror!
Oh, body horror!

Akira es probablemente lo más hermoso que ha surgido de esa angustia OCDE, que representa el horror alojado en un país forzado a sacar adelante tecnologías cuya racionalidad se contradice con el ethos cultural de un pueblo en shock. Recuerdo que la vi porque era la primera vez que pasarían una peli “animada” en la TV abierta en horario adulto, premisa irresistible para mi yo infantil, convencida de ser más sabia de lo que era.

Y el impacto de esos cuerpos mutilados, adoloridos y en constante metamorfosis me golpió tan fuerte que me mantuve alejada de la película por años, hasta que por fin este 2015 me hice el ánimo de leer el manga (mucho del cual se pierde en la adaptación a película), una joya que demuestra la elocuencia del arte frente al anonadamiento de la razón.

2. Hannibal (2001)

Aun cuando la secuela dirigida por Ridley Scott de la adaptación cinematográfica del trabajo de Thomas Harris es incapaz de sostener la tensión y el terror psicológicoque inunda la relación de Hannibal y Clarice en The Silent of The Labs (sorry don Ridley pero es la verdad), cuenta son los pasaje más aterradores de la galería del caníbal., que incluyen una de las situaciones más aterradoras que son capaz de concebir; la de Mason Verger.

A mis tiernos 12 años no poseía ningún tipo de herramienta conceptual que me permitiera procesar racionalmente las razones que llevaron a Hannibal a diseñar un final tan atroz para Verger. Colocándolo inmediatamente junto al resto de las criaturas sobrenaturales (porque Hannibal es, en muechos sentidos, el Diablo) que acosaban mis dulces sueños. Proque más que el temor a ser canibalizada por algún psicópata está el miedo indecible a que alguien posea un poder sobre ti tal, que te persuada para comerte a ti mismo.

1. Alien (1979)

Debo confesar que Alien tuvo un efecto tan devastador en mí que las invasiones extraterrestes fueron mi pesadilla más recurrente hasta hace no mucho. Después de haber terminado con la franquicia, que por aquel entonces se extendía sólo hasta la de Fincher, desarrollé una especie de paranoia digna de Mulder: despertaba en la mitad de la noche pensando que una criatura acechaba en mi patio y esperaba el amanecer ideando intrincados planes de escape en caso que el Alien decidiera entrar.

alien_2

Miedo que se exacerbó con el visionado de los X-Files que daban en el trasnoche en algún canal de la TV local. Tengo recuerdos particularmente vívidos de ese episodio derivado de The Thing de Carpenter, una joya con la que no había tenido el placer de encontrar por aquel entonces, y que como el 90% del terror contenido en esta lista, tiene que ver con las transformaciones físicas.

Pero había algo más, un ingrediente libidinoso en los diseños de Giger y la relación entre el Alien y Ripley que me enfrentaron quizá demasiado temprano con los misterios inexcrutables de la sexualidad, que en nuestras mentes infantiles suele aparecer como un evento profundamente violento (y a propósito, gracias a Odin no conocí el cine de Lynch hasta los 13 años, cuando ya tenía alggo más de conciencia). Miedo a uno mismo, a nuestra fealdad intrínseca, y a la invasión de nuestros cuerpos, la disolución de nuestras “individualidades” -que como bien decía Foucault, han sido a su vez cuidadosamente diseñadas-, a la alienación. Todas razones que dieron a luz, me atrevo a proponer, a una generación amante de los gatos y aterrada de las guagas.

 

 

Bonus:

Se7en (David Fincher, 1995).

Ser consumido por tus pecados no es algo que me aterre en teoría, pero aún me da escalofríos la puesta en escena que John Doe preparó para la víctima de la pereza, que demuestra que peor que la muerte es tener que vivir con las consecuencias.

Agregar un comentario