El trabajo nos hará libres

De pie, frente a la entrada del campo de concentración de Dachau “ARBEIT MACHT FREI” es lo primero que lees. Le sigue un recorrido que asusta, no tanto por el horror que dificulta la respiración dentro de sus edificios -una atmósfera más o menos esperable- sino por cómo sus bosques nevados y pequeños canales conservan un belleza desgarradora*.

Con todo, ese enunciado inicial “Arbeit Macht Frei” nunca te abandona. O, al menos, no a mí. “El trabajo libera” consigna acuñada por los nazis, puesta en varios de sus centros de exterminio y quizá el único exponente sutil de la violencia ejercida tras sus puertas. Una burla cruel. 

 

El trabajo nos hará libres - dachau
“El Trabajo Libera” pienso mientras camino por los ex-talleres del campo.

Aunque sospecho  que su propósito no termina ahí. Que la frase no está exclusivamente dirigida a sus presos. Que opera bajo una doble codificación: de humor despectivo hacia los nuevos esclavos, y de mantra que invoca a esa nueva deidad (nacional) capaz de liberar al país de la opresión extranjera. Después de todo ¿no fue el culto a la obediencia y al trabajo duro el motor que hizo posible que Dachau, Auschwitz, Terezín, entre tantos otros, cumplieran con tal eficiencia su propósito?

Estando allí, frente a la puerta original que fue robada y recuperada y que hoy se exhibe dentro del museo, y siendo la millenial que soy, no pude dejar de sentir que también me hablaba un poco a mí. Porque trabajo y libertad son cosas que nunca se me ocurriría poner juntas. Porque el trabajo es eso que tenemos que hacer para dejar de ser lo que somos: pobres. Un sacrificio necesario cuya recompensa no es nunca la libertad sino, en el mejor de los casos, no recibir llamadas de cobranza de Falabella. O de la universidad.

Así que, si el trabajo es algo al que se recurre por necesidad, ¿cómo podría hacernos libres?** 

 El trabajo nos hará libres - AUSWISCHT

Puede que nos parezca una idea lejana. O puede que sólo haya cambiado nuestra idea de lo que es “el trabajo” distinto a, por ejemplo, “tener una carrera”. El trabajo dignifica, el trabajo forja el carácter. Ser un profesional. Tener una carrera. Tener una carrera exitosa. Pero ¿quién de ustedes se siente esclavo del trabajo? o mejor ¿alguno se siente libre?

A veces temo que esa sensación de libertad, de comodidad, de sentir que el trabajo no es trabajo porque se trabaja en lo que se ama sea una de las condiciones más peligrosas. Porque ese éxito que se mide en likes nos lleva a superponer nuestro “trabajo” con todos esos otros espacios en los que deberíamos estar nosotros. Hasta que ya no somos más que lo que hacemos, y nuestra propia intimidad se convierte en un trabajo que hay que monetizar. El último rincón para capitalizar. 

Nos convencemos que el sueldo no es lo más importante, ni las jornadas laborales maratónicas. Ni que toda reunión social, salida a comer, interacción social esté al servicio de nuestro trabajo. Porque lo importante es hacer lo que se ama, pero en este hacer lo que se ama, que absorbe todas las esferas de lo que somos, en este convertirnos en el producto del marketing que también ejecutamos ¿no fijamos nuestro propio valor de acuerdo al de éste? 

el trabajo nos hara libres- terezin

 

Y aunque confieso que hay algo de cinismo en la amargura de esta reflexión. Porque no tengo nada que ofrecer en ese mercado al que todos a mi alrededor parecen aspirar y desenvolverse con tanta facilidad y fascinación. Pero tal vez, y sólo tal vez, mi desencanto me haya traído a los confines de una reflexión levemente verdadera. Y a formular una pregunta que también asusta: ¿Qué alternativa nos queda?

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* La visita al memorial del campo de concentración de Dachau fue una de las experiencias más trascendentales de este viaje y me gustaría compartir en otro post, con más detalle y menos bravuconería, cómo fue.

** Para un análisis infinitamente más complejo (y menos quejumbroso) sobre el trabajo y si pertenece o no a la “naturaleza del hombre” por favor remitirse a un texto de verdad: La Condición Humana, de Hannah Arendt. 

 

2 Comment

  1. Lamentablemente el sistema económico-social en el cual estamos inmersos no nos deja muchas alternativas, yo diría que ninguna.

    Todo lo que hacemos al final tiene como objetivo ser monetizado, si no encajas el sistema se encarga de eliminarte o a fin de cuentas “obligarte” a ser parte del mismo.

    En fin, somos parte del entramado y de paso te atacan con tecnicas psicologicas y publicidad donde te destruyen por no encajar. Te comparas con la gente exitosa, con tus amigos, con todas las personas a quienes el sistema beneficia y te sientes tan lejano a eso. Alienado de alguna manera.

    El trabajo te da la libertad que puedes pagar pero en el fondo somos esclavos.. aunque nos guste lo que hagamos.

    Me pregunto si cambiando el sistema todo esto sería distinto.

    1. Geraldyc says: Responder

      Ojalá podamos cambiar las cosas un poquito 😔

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