El Duelo Post #Superviviente de Palahniuk

Leer a Palahniuk me provoca muchas cosas, la mayoría de ellas terribles pero significativas, y a pocas semanas de terminar Superviviente, tengo que hablar de lo que me pasó.

Primero, la historia. Tender Branson es uno de la decena de hijos nacidos en el credo, una derivación de la iglesia cristiana, con gran poder adquisitivo (cuál no), que sobrevive con un estilo de vida austero y ajeno a los avances tecnológicos más rudimentarios. Una de las profecías que rige su cosmovisión es que para la llegada del juicio final debes sacrificar tu vida y ofrecérsela a Dios para que este te reciba en su reino celestial, o sea, llegado el momento, te suicidas.

La economía de la iglesia se mantiene gracias al esfuerzo mancomunado de sus feligreses. Mientras el hijo e hija mayor de cada familia tiene como misión casarse, formar una familia y formar parte del consejo de ancianos de la comunidad. El resto de los numerosos hijos  -bautozados como Tender  o Biddy, dependiendo del sexo-, son enviados al mundo exterior para servir en asuntos domésticos en casas particulares, hoteles o similares. Tender Branson es uno de los sobrevivientes del suicidio colectivo del Credo, como muchos de sus hermanos, se quedó abajo del avión de la salvación eterna ya que, al no creer en dispositivos tecnológicos tales como el teléfono o la tv, no se enteró del advenimiento del apocalipsis hasta que ya era muy tarde.

Sí, esta es la premisa de una historia que continúa hacia el abismo, y nosotros con ella. La historia de un hombre acostumbrado a obedecer, castrado por la religión, canalizando su frustración en un deseo destruir algo, la vida de otros, empujarlos al abismo. Un hombre que luego de sobrevivir a los cientos de miembros de su iglesia, a la vida como celebridad y como asalariado, comprende en carne propia su futilidad. La mejor metáfora de su resignación está en la muerte de su pez número seiscientos y algo, su única compañía durante sus años como sirviente y a quien debió dejar atrás como a toda su familia y a todos a quienes alguna vez conoció.  

“No hubo motivo.
No significó nada.
No era un gran gesto político. 
Se murió, punto.
No era más que un puto pez, pero era lo único que tenía.
Pez amantísimo.
Y después de todo lo que ha pasado, debería ser fácil de sobrellevar.
Pez amado.
Pero sentado en el asiento trasero del taxi, con la pistola en la mano, las manos en los bolsillos, me echo a llorar”

Como siempre digo, la literatura Palahniuk me provoca cosas similares que el cine de Miike. Lo siento como un puñetazo en la cara, que repercute en el resto del cuerpo. Bastante más elocuente y honesta que varias de las obras “doctas” que rondan por los circuitos especializados, y menos correcta que la brutalidad permitida dentro de los estándares de la industria. Superviviente es una novela dolorosa, agotadora, chistosa, tierna, patética, amantísima, que se te pega, te acompaña, te ruega que la abandones porque sabe que continuarás junto a ella. Lecturas obligadas de fin de año, especial en un periodo de replanteamiento de metas y examen de un estilo de vida.

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