Bitácora de un menisco roto

A pesar de mis cuarenta y uno kilos seiscientos gramos de peso, y de las constantes observaciones sobre lo poco aconsejable de mi estado físico, siempre he tenido a mi favor el “gozar de buena salud”. Siempre, incluso durante mis más severas depresiones, durante aquellos momentos en los que deseé estar físicamente enferma, siempre mi cuerpo estuvo saludable. Y cuando por fin dejé de pelear conmigo misma con esa severidad con que uno batalla cuando está deprimido, irónicamente, empecé a estar enferma en serio.

Hace un par de años, desde que practicaba regularmente Kung Fu, que sentía molestias en las rodillas. Un dolor que se volvió habitual desde ese entonces pero del que tenía antecedentes más o menos desde los 12 años. Volví a la U y tuve que dejar los entrenamientos así que también postergué la visita al médico. Con los meses el dolor se fue agravando y se hizo más frecuente en ambas piernas, a veces, cuando pasaba mucho tiempo con las piernas estáticas, me costaba caminar.

Cuando por fin fue al doc me adelantó un diagnóstico que no quería escuchar: problemas en los meniscos. Y ahí empezó mi viaje:

Mi primera resonancia

image

El diagnóstico fue:

image

O sea, a operarse o al kinesiólogo.

La primera parte de la terapia era muy cómoda y el dolor se redujo desde el día uno.

Me regaló estoy harto en el kine
Me regaló estoy harto en el kine

Para cuando terminé la kine, me sentía casi completamente recuperada, y desde ahí en adelante seguí con los ejercicios y las elongaciones que me recomendó el doc, cuidándome de hacer nada de alto impacto que pudiera empeorar la lesión que ya tenía.

Empecé a ir al gym, con una rutina especial para cuidar mis meniscos.

image

Entre medio tuve un cálculo y visité por primera vez la Urgencia, como paciente. La mejor parte, de no ser por el dolor provocado por un cuerpo mineral rasgando mis paredes interiores, fue cuando me llevaron en camilla a tomarme otro examen (es tal y cómo en las series, sin el personal ridículamente atractivo).

Todo un mundo nuevo de padecimientos.
Todo un mundo nuevo de padecimientos.

Todo bien hasta que un día, una mañana muy fría, al llegar a la oficina me agaché para recoger algo en mi escritorio y un estrepitoso estruendo fue el primer indicio que algo estaba mal. Eso y el dolor -que, parafraseando a mi mamá, “no se lo doy a nadie”- fueron los indicativos inequívocos de que algo andaba muy mal.

Me tranquilicé a mí misma, me puse un guatero y traté de moverme lo menos posible durante el día hasta que se calmara el dolor, que nunca pasó. 12 horas después decidí que lo mejor era volver a Urgencias para que un traumatólogo me dijera que podía ser. El diagnóstico preliminar del doc: se terminó de romper tu menisco.

Sorteando toda clase de avatares en el transporte público, episodios que compren varios viajes en los ascensores del metro que me hicieron vivir en carne propia la falta de consideración de nuestros compatriotas, llegué a hacerme una segunda resonancia y luego a visitar a un traumatólogo especializado en rodilla que me confirmó lo que había estado tratando de evitar: hay que operar.

Nunca más me agacho a recoger NADA
Nunca más me agacho a recoger NADA

Y en eso estoy, lo que le sigue es una serie de trámites propios de aquellos que hemos sido olvidados por el servicio de salud pública, con las subsecuentes reflexiones sobre lo precaria de nuestra condición como país y el fallo de las democracias liberales. En lo inmediato, después de 28 años en los que ni siquiera me había tocado visitar uña urgencias por dentro, estoy  la espera de entrar a pabellón y someterme a una cirugía que no es complicada, pero no deja de ser un ítem supremo en la ya larga lista de mis muchas ansiedades.

2 Comment

  1. Pip says: Responder

    Que lata todo D:, pero ojalá salga todo bien en la operación /o/

  2. […] después me vino el bajón, en especial después de la cirugía (y todos esos […]

Agregar un comentario