Bitácora de un Menisco Roto II: Cirugía & Recuperación

Llevo escribiendo y re-escribiendo este post en mi cabeza desde que salí de pabellón, hace ya dos semanas. Quise escribirlo justo después de la cirugía para poder sacarme de encima todas esas confusas emociones que sentí en su momento, emociones que se fueron diluyendo en una sensación de vacío. De estar a solas conmigo misma.  Irremediablemente. Y tener que hacer frente a problemas que había estado eludiendo desde mucho antes que mi menisco se rompiera.

Y recién hoy, con la herida cicatrizando bien, y luego de mi primera sesión con el kinesiólogo que pude sacudirme -en parte- de la pereza, de esa necesidad enfermiza necesidad de distraer mi cabeza de lo que me está pasando, o de lo que se muestra cuando hay tanto silencio a mi alrededor. En resumen, recién hoy pude sentarme a escribir esto.

La cirugía fue una experiencia aterradora pero me rodearon un grupo de personas que hicieron todo lo posible por hacerme sentir tranquila. Tuve la suerte de operarme en una clínica en la que todo el equipo entiende lo complejo de las lesiones que afectan la movilidad en gente joven, lo que le hace no sólo a tu cuerpo sino a tu cabeza, el miedo a una lesión permanente, a perder tu autonomía de movimiento, etc. Y desde el momento en que entré, hasta el que salí, me sentí bien acompañada.

 

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Escribieron bien mi nombre en la habitación :’D

Bueno, la habitación era obscenamente cómoda. Pensada para hacerte sentir como si estuvieras en un hotel en vez de enfermo y camino a pabellón.

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Casi no me veo :3

Por momentos la ilusión funcionó y me ayudó a calmar los nervios, que aparecieron sólo cuando me llevaron a la sala de preparación, antes de la cirugía. Cuando vino a conversar conmigo el doctor encargado de la anestesía, que me explicó en detalle cómo funciona, qué tipo de anestesia podíamos usar y cuál era, en su opinión, la que funciona mejor para una operación como la mía.

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Hasta que saqué una selfie con la bata u.u

Cuando entré a pabellón, todas mis venas se habían escondido por los nervios y costó un poco ponerme la vía, pero con la anestesia y los otros medicamentos me relajé. Al final optamos por anestesia regional, lo que me permitió estar despierta todo el tiempo y ver toda mi operación en el monitor del doc. Fue una experiencia menos terrible de lo que suena, porque no había sangre, pero el nivel de daño de mi menisco era tanto que hasta yo, con cero conocimiendo médico, podía darme cuenta de que estaba destrozado. Mi lesión era muy vieja (la primera vez que me molestó mucho el menisco tenía 12 años, pero no me diagnosticaron en ese momento) y el daño del desgaste, más la rotura era muy feo.

Y sí, las cosas allá adentro son muy parecidas a las series médicas, aunque nadie estaba encargado de la succión porque, de nuevo, no había sangrado. Para cuando pude regresar a mi habitación ya llevaba más de 12 horas de ayuno, lo que para alguien de mi pesa es una experiencia cercana a la muerte, así que cuando al fin pude comer, fui muy feliz.

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La comida era demasiado rica (:
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Oncecita <3

Después de la cirugía tuve que estar un tiempo en reposo y luego pude empezar a moverme más, usando bastones. Nunca lo pensé pero en realidad, ésta ha sido la peor parte. Nunca había teníado que depender de otras personas para hacer cosas cotidianas (como entrar en la tina), ni tampoco conocía las incomodidades de tener movilidad reducida, no poder cocinar (que es algo que amo). Recuerdo que antes de esta experiencia, cuando soñaba despierta, pensaba en algún milagro que me diera una excusa para pasar el día viendo series y pelis, pero créanme, es menos divertido de lo parece.

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Así se veían mis heridas poco después de la operación (las calcetas son un fashion statement)

El Martes tuve control post operatorio y me sacaron los puntos (nunca había tenído puntos, fue todo muy emocionante). Por eso ayer puede comenzar con mi primera sesión con el kinesiólogo. También todos en rehabilitación han sido muy amables, me han explicado en detalle cada una de las cosas y siempre responden si tengo preguntas. Es increíble como la calidad de la atención mejora la experiencia completa, y me siento afortunada de haber podido acceder -no gracias a la cobertura médica que ofrece el Estado de este país de mierda- a los profesionales que me están atendiendo.

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Vuelvo a la corriente.

No tengo de qué quejarme en realidad. Se trata de una lesión que se complicó pero no irremediablemente. No es la naturaleza de mi enfermedad, o el estar enferma en sí, lo que me ha deprimido durante este último mes. Es que durante todo el tiempo que he tenido para meditar sobre mi situación, muchas conclusiones se han hecho inevitables respecto a las personas con las que me he rodeado.

Prepárense para una reflexión cliché de esas que a veces comparten las mamás como cadenas en sus muros de Facebook. Cuando estamos enfermos nos sentimos vulnerables, y en nuestra vulnerabilidad se agudizan todas nuestras emociones. Antes de entrar a pabellón me sentía asustada y sola, extrañé la compañía de personas a quienes consideraba muy cercanas y que creí que estarían allí (aunque no materialmente, al menos que serían una voz al teléfono) y esas ausencias me resintieron. Lo que tuve en cambio fue la presencia, material y virtual, de muchas personas a las que había dejado de lado, me sorprendió la cantidad de apoyo que recibí de con quienes tengo poco contacto y me obligó a poner en perspectiva el gran ítem de la amistad en general. Sé que soy pésima amiga, tiendo a salir poco y compartir poco, pero esta vez pude juzgar qué clase de persona he sido y qué clase de persona quiero ser.

Comprendí que no todos queremos del mismo modo, y a veces, aunque exista cariño, los modos de los mismos son incompatibles. Para citar a Enrique Lihn “no es lo mismo estra solo que estar sin ti”, la soledad no es lo mismo que las ausencias, y comprender las ausencias de otros desde la perspectiva de esos otros, aceptar que para ellos no tienen el impacto que en realidad tienen en mí, es una conclusión triste pero pacífica, que me ayudó a higienizar mi cabeza y poder concentrarme en lo importante, en qué es lo que quiero hacer mañana, y pasado. En todas las cosas que he pospuesto en los últimos años, por miedo al fracaso, o porque no me siento digna de una vida en la que esté completa.

2 Comment

  1. Qué bueno saber que estás mejor y recuperándote. Todo ese ejercicio que hiciste sobre la compañía, las amistades es algo que también viví cuando tuve problemas y darse cuenta de las ausencias de personas que considerabas cercanas es algo que aún duele un poco. Entiendo lo que mencionas, todos tienen sus formas distintas de tener cariño hacia alguien, pero siempre son estos momentos de vulnerabilidad cuando solemos tener estas reflexiones y saber quiénes son los que realmente estarán allí. Espero que hayas estado acompañada y que todo vaya mejorando poco a poco. Un abrazo, G, cuídate montones!

    1. Gracias Gisse, estoy avanzando de a poquito pero bien. Un abrazote (:

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